Hacia una práctica veterinaria anti-especista

Hacia una práctica veterinaria anti-especista

La mayoría de los médicos veterinarios rechazan el veganismo porque la educación con la que nos formaron es especista y el capitalismo es el eje económico de la profesión. 

Nos educaron para priorizar el bienestar humano: garantizamos la salud de otros animales solo para que no sean un riesgo para la salud pública humana y para que su manipulación, uso y consumo sean seguros para nosotros. Continuamente nos muestran a los animales como recursos, de modo que los tratamos como inferiores porque no son humanos. La discriminación es sistemática: jerarquiza y cosifica los cuerpos para no otorgarles derechos básicos. La dominación es el patrón hegemónico que produce mecanismos sociales que, a su vez, cimentan las bases de la opresión, normalizan la violencia contra los animales, justifican su uso y los excluye como sujetos con derechos. 

 

 

Un compromiso real con el bienestar animal requiere de una postura abolicionista.

 

 

Aunque en veterinaria se conoce la fisiología del dolor, los lazos afectivos que establecen otros animales y sus capacidades cognitivas, se los sigue tratando como objetos y se minimiza su sufrimiento para beneficio humano. Además, se asume el bienestarismo como única postura moral. De este modo es que se ha justificado mantener a los animales en condición de esclavitud, privados de la libertad y de sus propios intereses. Eso sí, con los cuidados básicos mínimos para mantenerlos con vida. E incluso estos cuidados en la práctica son frecuentemente olvidados. Por ejemplo, la industria incluye  cinco libertades del bienestar animal. Dos de ellas, el “estar libre de temor y angustia” y el “estar libre de dolor y enfermedad”, son frecuentemente vulneradas:  amputar cachos, picos y colas es parte de las técnicas propias de los sistemas de producción. 

Un compromiso real con el bienestar animal requiere de una postura abolicionista que promueva un cambio en la forma en que tratamos a los demás animales. Esto implica comprender la forma en que percibimos su animalidad y reconocer que no existen para ser utilizados, que tienen intereses propios y que es injusto someterlos como si fuesen seres de segunda categoría. 

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Picture of Paula Moreno

Paula Moreno

Paula es médica veterinaria y codirectora de Corazón Animal Vegano (CAV), un colectivo que promueve la liberación animal y el veganismo. CAV es un santuario animal urbano y un restaurante vegano.

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He vivido casi la mitad de mi vida con animales que algunos consideran comida. En todos esos años viviendo con animales rescatados he tenido que

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Un compromiso real con el bienestar animal requiere de una postura abolicionista.

 

 

Aunque en veterinaria se conoce la fisiología del dolor, los lazos afectivos que establecen otros animales y sus capacidades cognitivas, se los sigue tratando como objetos y se minimiza su sufrimiento para beneficio humano. Además, se asume el bienestarismo como única postura moral. De este modo es que se ha justificado mantener a los animales en condición de esclavitud, privados de la libertad y de sus propios intereses. Eso sí, con los cuidados básicos mínimos para mantenerlos con vida. E incluso estos cuidados en la práctica son frecuentemente olvidados. Por ejemplo, la industria incluye  cinco libertades del bienestar animal. Dos de ellas, el “estar libre de temor y angustia” y el “estar libre de dolor y enfermedad”, son frecuentemente vulneradas:  amputar cachos, picos y colas es parte de las técnicas propias de los sistemas de producción. 

Un compromiso real con el bienestar animal requiere de una postura abolicionista que promueva un cambio en la forma en que tratamos a los demás animales. Esto implica comprender la forma en que percibimos su animalidad y reconocer que no existen para ser utilizados, que tienen intereses propios y que es injusto someterlos como si fuesen seres de segunda categoría. 

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